
Existen unos factores psicosociales que se asocian al consumo de alcohol y de otras drogas que pueden ser determinantes para que la persona se encuentre en situación de vulnerabilidad. Vulnerabilidad que viene marcada, por ejemplo, por la presencia de patología psiquiátrica, situaciones ambientales y familiares complicadas la falta de trabajo y la carencia de medios económicos y de vivienda entre otros.
Es decir, por ejemplo, la pobreza se puede relacionar con situaciones complicadas para poder solucionar o ayudar a una persona que sufre un trastorno adictivo. Estas circunstancias lo único que hacen es agravar y poner barreras para acceder a un tratamiento adecuado de la persona.
La situación, en Palabras del National Institutes of Health (NIH), contribuye a la estigmatización de estas personas, siendo uno de los factores más importantes que impiden la búsqueda de ayuda.
Si a esto añadimos el lenguaje despectivo con en el que ocasiones se trata a estas personas, como la de palabra yonquie o zombi, se está vulnerando la dignidad del ser humano.
Pero no solamente el lenguaje, sino también la relación que puede haber entre el consumo de drogas y la delincuencia hace que sean sujetos mal vistos por la sociedad. El planteamiento es el siguiente, ¿esta persona es un adicto?, ¿es un delincuente?, ¿es un enfermo? ¿Qué representa esta persona? Lo cierto es que en algunas ocasiones la propia enfermedad hace que la persona tenga que delinquir, que robar, para poder consumir, es decir necesita cubrir las necesidades de esos momentos. Al final se trata de una parte más de la etiqueta que se le cuelga al adicto.
El contexto y la situación lleva a un escenario, también reconocido por el NIH, en el que los que necesitan ayuda no la procuran, temen revelar que consumen drogas, la atención que reciben es de menor calidad e incluso se puede agravar si hay disparidades raciales.
Como consecuencia, las personas tienen menos acceso a los programas de salud e incluso es posible que consuman más droga y que el propio autoestigma y los sentimientos de vergüenza desemboque en un aislamiento.
¿Y se pueden hacer cosas para mejorar la situación? Pues sí, por ejemplo, comprender que los trastornos por consumo de sustancias son trastornos médicos crónicos, con consecuencias bio-psico-sociales y por lo tanto que tienen un tratamiento. Así pues, ofrecer una intervención terapéutica, cambiar el lenguaje estigmatizante y abordar cualquier tipo de discriminación, cambiaría la perspectiva que tiene el paciente con respecto a su posible recuperación.
Para ello se necesita que profesionales, colectivos y asociaciones puedan encargarse de la recuperación integral de las personas que sufren un trastorno adictivo por medio de acciones que disminuyan la precariedad, la marginalidad, el estigma y por supuesto la gravedad de la adicción. Actuando con programas de acercamiento, de café y calor, de mejora de la calidad de vida, de escucha activa y de favorecer la recuperación de la dignidad de la persona.
Solo así podremos conseguir que tengamos una sociedad mejor, más sana y comprensiva con las personas que sufren una adicción y están en esta situación de vulnerabilidad que comentábamos al principio.
La persona podría acceder a un programa de reducción de daños o un programa libre de drogas.
Si podemos conseguir que la persona consiga la recuperación integral o al menos mejorar su calidad de vida y reforzar el cumplimiento, iríamos por buen camino.
No se trata de imponer un proceso terapéutico ya que algunas personas no se querrán poner en tratamiento, se trataría de que se cumplan sobre todo de los derechos humanos que le asisten, porque no por ser adicto la persona deja de tener derecho a la alimentación y a una vivienda. Si podemos luchar contra la marginalidad y el estigma producido por las adicciones y sensibilizar a las administraciones y la población en general, si además facilitamos el acceso al tratamiento y contamos con los recursos necesarios y promovemos el establecimiento de alianzas entre todos los sectores de la sociedad tal vez así, solamente así, conseguiríamos que estas personas tuviesen menos en su vida un camino por el que seguir y cambiar la situación.
Actuaciones tan sencillas como acercarse a estas personas, establecer un diálogo, ofrecer un café, motivarles al tratamiento, escucharlos y ayudarles a identificar su problema, ofrecerles mejoras en sus condiciones socio sanitarias e incluso ver una posibilidad de proceso terapéutico contribuirían eficazmente a la resolución de este problema
Claro esto no se puede hacer solo, esto se tiene que hacer de forma conjunta con profesionales, Organizaciones No Gubernamentales, administraciones y sobre todo la sociedad en general.
Es importante saber y dar a conocer que una persona adicta es un enfermo y debemos de pensar que podríamos ser nosotros mismos o alguno de nuestros familiares.
¿lo dejaríamos tirado en la calle?